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El contenido de la revista consiste en versos, artículos de fondo y opiniones de los lectores, en que se indica el parecer de los presos acerca de diversas cuestiones, inclusive la vida en la cárcel. Los reclusos que muestran aptitud para oficios como carpintero, albañil, especialistas en trabajos de metal, sastre, panadero, tejedor, peluquero preparador de artículos para bodas reciben la capacitación necesaria. Sin embargo, la capacitación proporciona solamente mayores conocimientos, ya que, en general, no se consigue ninguna cualificación sistemática para desempeñar un empleo.

Comporta meramente una ardua labor durante el cumplimiento de la pena y muchas veces no prepara suficientemente a los participantes para un empleo especializado al ser puestos en libertad.

Los presos que siguen los programas de formación profesional y artes y oficios no reciben ningún certificado comparable al de la enseñanza académica que se imparte externamente.

Entre el personal del Departamento de Prisiones hay instructores capacitados en algunas esferas y, además de utilizar sus servicios, se recurre con frecuencia a los de presos que ya poseen aptitudes relevantes para capacitar a otros reclusos que desean adquirir conocimientos. Las reclusas que siguen diligentemente el curso de corte y confección tienen la oportunidad de recibir formación ulterior en el manejo de las máquinas Juki.

Existe un proyecto especial financiado por el Banco Mundial y administrado por el Instituto de Capacitación y Desarrollo en el Sector de la Construcción, que se viene ejecutando desde 1991 en la escuela autorizada para muchachas de Rammutugala, donde 20 y 30 reclusos siguen los cursos de carpintería y corte y confección, respectivamente. En relación con cada cursillista se lleva un registro de los resultados logrados en la capacitación, en el que se indica la calidad del trabajo, el interés, el comportamiento y el espíritu de iniciativa, todo ello evaluado con arreglo a una escala de cuatro puntos.

En el cuadro que figura a continuación se presenta un análisis de las distintas actividades de formación profesional correspondientes a la muestra objeto de la encuesta que se realizan en las cárceles y las instituciones correccionales. Al mismo tiempo, cinco de los reclusos se envían a escuelas vecinas a la cárcel para recibir enseñanza secundaria.

De los 103 reclusos entrevistados, más de la mitad pidieron que se impartiera más capacitación, un 24,3% deseaban más instalaciones para la enseñanza de oficios y la capacitación técnica, un 19,4% querían que se realizaran estudios en relación con las artes y un 11,7% solicitaron que se fomentara la alfabetización. En la escuela autorizada para muchachos de Makola se imparten dos cursos (electricidad en la casa y soldadura), en los que también se permite participar a 10 muchachas de la vecindad (que no son reclusas) en forma experimental.

Además de los reclusos que siguen los cursos de metalistería y capacitación como electricista, nueve personas del mismo grupo de edad siguen el curso de metalistería y 24 el de electricista. Esta enseñanza mixta con personas del exterior contribuye a la readaptación de los reclusos, así como a encontrarles empleo una vez puestos en libertad. Las autoridades del establecimiento para jóvenes de Baddegama también han establecido estrechas relaciones con el Centro de capacitación para el desarrollo del Frente Femenino Sarvodaya, ubicado muy cerca de Heenatigala, a fin de impartir capacitación integrada a grupos seleccionados de reclusas.

El plan ha estado en funcionamiento desde 1991 y cada tanda de alumnas tiene que seguir el curso durante seis meses, en régimen de internado en Heenatigala, a los que siguen otros seis meses en régimen de libertad condicional en el empleo. Se da preferencia a las reclusas que tienen aptitud inclinación para el corte y confección, la profesión de cocinera, la peluquería la horticultura. Las reclusas que han terminado el curso de capacitación han experimentado notables cambios en su actitud hacia la sociedad.

El oficial de vigilancia de la condena condicional encargado del establecimiento para jóvenes de Baddegama, con más de 25 años de servicio, elogió el experimento de formación profesional como uno de los pocos que había tenido éxito. Parece ser un modelo viable para su repetición en otras escuelas autorizadas y en organizaciones no gubernamentales auténticas, que tengan los antecedentes y la experiencia apropiados.

Un gran número de insurgentes, sobre todo jóvenes, estaban recluidos en varios establecimientos especiales de detención preventiva en espera de que se investigaran sus actividades criminales. Durante el largo período de detención preventiva, se brindaron a los reclusos diversos programas de formación (educativos, de formación profesional y de tipo espiritual). En las cárceles de Welikada y Bogambara operan dos clubes de la UNESCO, y los funcionarios correspondientes se seleccionan entre los reclusos.

En la cárcel de Welikada se ofrecen oportunidades a los que tienen el interés y el talento necesarios para realizar estudios en materia de artes, danzas orientales y teatro. Por consiguiente, la provisión de locales para que continuaran algunas de las prácticas, incluso en cierto grado, dentro de la cárcel producirá efectos terapéuticos sobre los reclusos y facilitará la readaptación.

Entre los distintos programas que se ejecutan para promover el desarrollo espiritual se encuentran los sermones Dhamma (budistas), las actividades budistas del día de la Luna llena Poya (campañas Sil y ofrendas religiosas), limosnas, oficios divinos cristianos, clases dominicales y clases de prácticas de meditación. En la cárcel de Welikada hay locales para las ceremonias religiosas de todas las confesiones, los cuales son también objeto de mantenimiento. Las cifras citadas en relación con los tipos de delitos cometidos se refieren al delito respecto al cual se impuso la multa original.

Incluso una clase de alfabetización sistemáticamente planificada no puede lograr mucho en seis meses, y un programa de enseñanza de oficios y formación profesional será incluso menos eficaz. Pese a las adversas condiciones reinantes en las cárceles de Sri Lanka, se han hecho algunos progresos en los últimos años en la dirección prevista el en Pacto.

El encarcelamiento de los que no han pagado las multas por delitos a veces relativamente menores ha afectado la proporción de presos, que ha subido del 24,54% al 83,8% durante el período 1983-1991, y sus penas de prisión han sido de seis meses menos. La Asociación para el Bienestar del Preso es un organismo que presta asistencia a las autoridades en estas cuestiones.